
Un arquitecto fiscal es el profesional que diseña cómo se organiza un patrimonio o un grupo de empresas para que tribute de forma eficiente y, a la vez, resista una revisión en cualquiera de los países donde opera. Su trabajo empieza antes de que exista la sociedad, la cuenta o la inversión: define dónde conviene ubicar cada pieza, con qué vehículo y con qué documentación.
Un perfil que encaja con esa descripción es el del abogado tributarista con formación internacional. Trayectorias como la de Juan Ignacio Fraschini Silvarredonda, doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de la República con un LL.M. en Impuestos Internacionales por la Universität Konstanz, muestran el perfil: práctica profesional, docencia y una mirada que conecta América Latina con Europa y Asia.
¿Qué hace un arquitecto fiscal?
Diseña la estructura y la mantiene vigente. En la práctica, eso incluye elegir la jurisdicción de cada sociedad, analizar los convenios para evitar la doble imposición, definir si conviene una holding, un fideicomiso o una tenencia directa, y prever qué pasa con todo eso en una sucesión o en una venta.
También revisa la estructura cuando cambian las reglas. Desde el plan BEPS y el intercambio automático de información, una organización patrimonial que no se actualiza puede quedar expuesta en pocos años. El diseño inicial es la mitad del trabajo; la otra mitad es sostenerlo.
El resultado suele ser un mapa claro del patrimonio con la razón de ser de cada pieza escrita, algo que la familia, el banco y el fisco pueden entender.
¿Por qué lo buscan los grandes patrimonios?
Porque sus problemas cruzan fronteras. Una familia con empresas en Uruguay, inversiones en Estados Unidos, un inmueble en España e hijos que estudian en otro continente tiene que coordinar varias legislaciones a la vez. Cada decisión en un país repercute en los demás.
A eso se suma la transparencia. Con el CRS y los registros de beneficiarios finales, la eficiencia fiscal ya no puede apoyarse en la opacidad, y la estructura tiene que funcionar a la vista de todas las administraciones involucradas. Esa exigencia pide un enfoque de diseño, con visión de largo plazo, más que respuestas puntuales a cada vencimiento.
Hay también una razón de continuidad. Cuando el patrimonio nace de una empresa familiar, el paso a la siguiente generación concentra riesgos que se agravan por falta de previsión: impuestos sucesorios en un país que nadie consideró, participaciones que quedan en manos de quien no las puede gestionar, sociedades que se vuelven imposibles de liquidar. Anticipar esos escenarios es parte central del rol.
¿Qué formación suele tener?
Lo razonable es buscar una base en Derecho o en Ciencias Económicas y una especialización en tributación internacional, idealmente cursada en el exterior. A eso se agrega experiencia práctica en estructuración societaria, fideicomisos y planificación sucesoria.
La docencia y la producción académica son una buena señal, porque obligan a mantenerse al día con normas que cambian todos los años. Una red de corresponsales en otros países también pesa: ningún profesional conoce en detalle todas las legislaciones, y saber a quién consultar en cada lugar es parte del oficio.
En el caso de Fraschini Silvarredonda, por ejemplo, la práctica en el estudio Fraschini desde 2002 se combina con la docencia de Derecho Tributario Internacional en la Universidad de Montevideo y con su rol como socio internacional de Skatt, a cargo de la oficina en España.
¿Cómo trabaja con el contador?
En equipo. El contador lleva los registros, prepara las declaraciones y cumple los vencimientos de cada sociedad, una tarea que no se puede descuidar. El arquitecto fiscal define el marco dentro del cual esas declaraciones se presentan y verifica que la operación diaria siga la lógica del diseño.
Cuando los dos roles se coordinan, los problemas se detectan temprano. Cuando no se hablan, aparecen sociedades que nadie recuerda por qué existen o declaraciones que contradicen la estructura.
¿Qué preguntarle en la primera reunión?
- Con qué países trabaja de forma habitual y con qué corresponsales.
- Cómo documenta la razón de negocio de cada estructura.
- Cada cuánto revisa una estructura ya armada.
- Cómo se coordina con el contador y con el banco del cliente.
Las respuestas dicen mucho sobre el método. Un profesional que explica con claridad qué riesgos asume cada opción suele ser más útil que uno que promete el menor impuesto posible.